confesiones
de diseñadora
freelance
(lo que nos pasa por la cabeza antes, durante y al terminar tu proyecto)
Antes de la primera reunión ya te has montado una película en la cabeza. Un email con cierto tono ya basta para que imagines si esto va a ir bien o va a ser un infierno.
Y no acaba ahí. También has hecho cuentas. Muchas. Has repartido ese dinero que todavía no existe entre facturas pendientes, algún capricho que llevas meses posponiendo, esa sensación tan tonta como real de "por fin este mes respiro".
Nada de esto sale en las guías de "cómo ser freelance". Así que lo
cuento yo.
¡Por fin! Este mes
pido sushi.
Y aún así, la mayoría de los clientes con los que trabajo son increíbles. Personas ilusionadas con sus proyectos que se abren y ponen el corazón en cada etapa del proyecto.
Sigo abriendo cada email como si fuera el primero. Porque al final, detrás de tanta duda, hay una diseñadora que se toma tu proyecto tan en serio como el primer día.



Por favor que valore lo
que hago…
¿Debería meter el Ibuprofeno en el presupuesto?
¿Y si no soy capaz?
Goshting: ya somos colegas.
Desde que le vendí mi alma a Hacienda por no tener un jefe nunca más, soy pobre. No importa lo que trabaje, lo que pueda quiera ahorrar, si decido mendigar o si no como proteína en todo el trimestre: soy pobre.
Cuando recibo el email de reserva para una reunión un posible cliente, mi corazón baila el "Aserejé".
Todo es alegría, llamo a mi pareja, a mi madre, a mi mejor amiga y a mi gestor del banco - "Antonio, este mes te salta una notificación de Cambio Extraordinario".
Y esta es una manera delicada de expresarlo.
Creo que todos mis compañeros de profesión estarán de acuerdo: el sector creativo siempre ha estado infravalorado y actualmente y gracias a la IA, el mundo cree que lo estético (o la falta de estética en muchos casos) es suficiente para crear una identidad, un cartel o un flyer. Y no, no es este el artículo en el que voy a enumerar la lista de requisitos técnicos que seguimos para diseñar cualquier cosa pero si quien lee este texto no es un creativo sino el cliente o futuro cliente (¡escríbeme!) de uno…te digo un par de cosas:
No, no sabes hacer lo que yo hago porque veas videos sobre branding en Instagram.
No, no estás pagando por un "dibujito", estás pagando por conocimiento, tiempo, experiencia y dedicación.
Sí, tienes que poner de tu parte durante el proyecto, no nace de la nada.
NO SOY ADIVINA.
No es que mis precios sean caros, es que tu presupuesto está mal repartido.
Es impresionante ver la cantidad de personas que se reúnen con un creativo y se sorprenden por el tiempo que lleva un servicio o intentan regatear precios.
Darle identidad a tu marca debería ser considerada una necesidad básica de la empresa y ser tratada como tal. Y por lo tanto, el/la profesional que la hace realidad debería ser valorado.
Llamadas a las 23:00.
Cambios de última hora.
No contestar en días y exigir rapidez.
Más cambios.
"Urgencias" un domingo.
Aún más cambios.
Tardar en hacer pagos y exigir rapidez.
Hay tantos tipos de clientes como personas existen, pero todos recordamos ESE cliente. Y casualmente todos tenemos o hemos tenido uno igual.
Aquel que comienza diciendo "yo me dejo guiar, tú eres el/la profesional" y ya de ahí…no sabes cómo va a terminar.
Con aquel que estás teniendo una reunión perfecta pero cuando cuelgas… hay algo más…
Es la sensación de estar sobre un puente colgante de cuerda vieja y madera a medio construir. Agradeces llegar al otro lado vivo.
La enfermedad del creativo: el síndrome del impostor.
Cuando contratas a un creativo, por mucha experiencia o preparación que tenga, tienes que saber que en algún momento va a tener una crisis con tu proyecto y se replanteará su existencia.
Normalmente no te enterarás, pero debes saberlo. Le importa tu proyecto, le importa lo que está haciendo y quiere hacer algo brillante que te salte las lágrimas de orgullo y alegría al verlo y a veces, el cerebro le boicotea.
Cuídalo. Será capaz.

Término anglosajón utilizado en registro coloquial para describir la práctica de cesar toda comunicación y contacto con una pareja, amigo u otro individuo sin advertencia o justificación aparente y, posteriormente, ignorar cualquier intento de acercamiento o comunicación realizada por dicha persona.
Gustavo, para lo amigos.
Hay un riesgo constante en la relación creativo-cliente de que ocurra el famoso goshting por parte del cliente. Principalmente después del presupuesto o después de entregar facturas.
En mi caso nunca llego a acostumbrarme aunque si lo puedo ver venir.
Como cliente, siempre he preferido decir "no entra en mi presupuesto" o "al final no estoy interesada, lo siento" a desaparecer después de que alguien ha dedicado tiempo y esfuerzo en mi. Cuestión de respeto.
Por favor, dejemos el goshting para las relaciones adolescentes de la Generación Alfa…
confesiones
de diseñadora
freelance
(lo que nos pasa por la cabeza antes,
durante y al terminar tu proyecto)
Antes de la primera reunión ya te has montado una película en la cabeza. Un email con cierto tono ya basta para que imagines si esto va a ir bien o va a ser un infierno.
Y no acaba ahí. También has hecho cuentas. Muchas. Has repartido ese dinero que todavía no existe entre facturas pendientes, algún capricho que llevas meses posponiendo, esa sensación tan tonta como real de "por fin este mes respiro".
Nada de esto sale en las guías de "cómo ser freelance". Así que lo cuento yo.
¡Por fin! Este mes pido sushi.
Y aún así, la mayoría de los clientes con los que trabajo son increíbles. Personas ilusionadas con sus proyectos que se abren y ponen el corazón en cada etapa del proyecto.
Sigo abriendo cada email como si fuera el primero. Porque al final, detrás de tanta duda, hay una diseñadora que se toma tu proyecto tan en serio como el primer día.


Por favor que valore lo que hago…
¿Y si no soy capaz?
¿Debería meter el Ibuprofeno en el presupuesto?
Goshting: ya somos colegas.
Desde que le vendí mi alma a Hacienda por no tener un jefe nunca más, soy pobre. No importa lo que trabaje, lo que pueda quiera ahorrar, si decido mendigar o si no como proteína en todo el trimestre: soy pobre.
Cuando recibo el email de reserva para una reunión un posible cliente, mi corazón baila el "Aserejé".
Todo es alegría, llamo a mi pareja, a mi madre, a mi mejor amiga y a mi gestor del banco - "Antonio, este mes te salta una notificación de Cambio Extraordinario".
Y esta es una manera delicada de expresarlo.
Creo que todos mis compañeros de profesión estarán de acuerdo: el sector creativo siempre ha estado infravalorado y actualmente y gracias a la IA, el mundo cree que lo estético (o la falta de estética en muchos casos) es suficiente para crear una identidad, un cartel o un flyer.
Y no, no es este el artículo en el que voy a enumerar la lista de requisitos técnicos que seguimos para diseñar cualquier cosa pero si quien lee este texto no es un creativo sino el cliente o futuro cliente (¡escríbeme!) de uno…te digo un par de cosas:
No, no sabes hacer lo que yo hago porque veas videos sobre branding en Instagram.
No, no estás pagando por un "dibujito", estás pagando por conocimiento, tiempo, experiencia y dedicación.
Sí, tienes que poner de tu parte durante el proyecto, no nace de la nada.
NO SOY ADIVINA.
No es que mis precios sean caros, es que tu presupuesto está mal repartido.
Es impresionante ver la cantidad de personas que se reúnen con un creativo y se sorprenden por el tiempo que lleva un servicio o intentan regatear precios.
Darle identidad a tu marca debería ser considerada una necesidad básica de la empresa y ser tratada como tal. Y por lo tanto, el/la profesional que la hace realidad debería ser valorado.
Llamadas a las 23:00.
Cambios de última hora.
No contestar en días y exigir rapidez.
Más cambios.
"Urgencias" un domingo.
Tardar en hacer pagos y exigir rapidez.
Hay tantos tipos de clientes como personas existen, pero todos recordamos ESE cliente. Y casualmente todos tenemos o hemos tenido uno igual.
Aquel que comienza diciendo "yo me dejo guiar, tú eres el/la profesional" y ya de ahí…no sabes cómo va a terminar.
Con aquel que estás teniendo una reunión perfecta pero cuando cuelgas… hay algo más…
Es la sensación de estar sobre un puente colgante de cuerda vieja y madera a medio construir. Agradeces llegar al otro lado vivo.
La enfermedad del creativo: el síndrome del impostor.
Cuando contratas a un creativo, por mucha experiencia o preparación que tenga, tienes que saber que en algún momento va a tener una crisis con tu proyecto y se replanteará su existencia.
Normalmente no te enterarás, pero debes saberlo. Le importa tu proyecto, le importa lo que está haciendo y quiere hacer algo brillante que te salte las lágrimas de orgullo y alegría al verlo y a veces, el cerebro le boicotea.
Cuídalo. Será capaz.

Término anglosajón utilizado en registro coloquial para describir la práctica de cesar toda comunicación y contacto con una pareja, amigo u otro individuo sin advertencia o justificación aparente y, posteriormente, ignorar cualquier intento de acercamiento o comunicación realizada por dicha persona.
Gustavo, para lo amigos.
Hay un riesgo constante en la relación creativo-cliente de que ocurra el famoso goshting por parte del cliente. Principalmente después del presupuesto o después de entregar facturas.
En mi caso nunca llego a acostumbrarme aunque si lo puedo ver venir.
Como cliente, siempre he preferido decir "no entra en mi presupuesto" o "al final no estoy interesada, lo siento" a desaparecer después de que alguien ha dedicado tiempo y esfuerzo en mi. Cuestión de respeto.
Por favor, dejemos el goshting para las relaciones adolescentes de la Generación Alfa…